Parto Respetado (II): Parto Natural vs Parto Intervenido

Esta es la segunda entrada sobre una serie de posts relacionados con el Parto, una recopilación de información de diferentes fuentes sobre el parto y de mi propia experiencia:

Parto Natural Vs Parto Intervenido

El parto es un proceso fisiológico natural y normal, y no necesita intervención de ningún tipo en la gran mayoría de los casos. Siempre y cuando el embarazo se haya desarrollado con total normalidad un parto natural transcurrirá, en un gran porcentaje de las ocasiones sin necesidad de intervención sanitaria.

Por mi experiencia personal, sería fácil recomendar un parto natural en todos los casos, pero, aunque creo que es la mejor forma de nacer para el bebé y la mamá, considero que lo más importante es que estando informad@s de las diferentes opciones se elija la que de mayor seguridad y tranquilidad a la mamá y al papá, ya que, estar tranquilos, relajados y seguros serán factores clave para que el parto se desarrolle con normalidad. Pero no lo es todo, influyen otros factores ajenos a la naturaleza de la mamá y el bebé que hay que considerar en el momento de decidir cómo quieres que sea tu parto.

En esta entrada voy a contar mi experiencia, intentando resumir porqué tomé la decisión de un parto natural  y porqué es importante que, se tome la decisión que se tome, el parto sea respetado.

Un parto respetado consiste en respetar la decisión que la mamá y papá tomen respecto al grado de intervención (o no intervención) que desean para su parto y que, en consecuencia, se respeten sus decisiones en el nacimiento de su bebé y en los momentos posteriores al nacimiento. Es decir, que si realizas un plan de parto (lo entregues de forma oficial por escrito o lo comuniques verbalmente), lo respeten en la medida que tu parto lo permita.

¿Porqué elegí un parto natural?

Desde el punto de vista fisiológico el parto es un proceso natural y normal en las mujeres. En un embarazo que transcurra con normalidad, el parto, si se deja al cuerpo actúar de forma natural, no suele acarrear ningún problema, ni necesitar de ningún tipo de intervención.

Hay muchos motivos por los que, en mi caso personal, estaba convencida de querer un parto natural. Mis motivos fueron los siguientes:

  • Quería que mi cuerpo, en el momento del parto, fuese el que controlase cada contracción, ayudando así a segregar las hormonas necesarias para que el parto no fuese interrumpido.
  • Poder sentir cada momento del parto, no perderme ningún detalle, dejando a la naturaleza seguir su curso, creyendo firmemente en la importancia que tienen las hormonas que entran en juego durante el parto en el posparto inmediato y a largo plazo: mejor inicio de la lactancia materna, mejor recuperación para la madre…
  • Tener en todo momento la libertad de moverme como lo necesitase, tanto yo cómo el bebé. Sin monitores que limitasen mis movimientos y sin analgesia que no me permitiese moverme. Subiendo y bajando las escaleras de mi casa, preparando las cosas necesarias para el parto, haciendo, básicamente, lo que me apeteciese en ese momento. Esa libertad de movimientos, ayuda a que el bebé se encaje si no se ha encajado antes, además de acelerar la dilatación y ayudar a que el parto sea más rápido, evita, en muchos casos la intervención instrumental. Hay posiciones que toma la madre en las que el parto no avanza, porqué el bebé está colocado de forma diferente, y posiciones más adecuadas en las que el parto avanza mucho más rápidamente. No estaba dispuesta a tener que estar en una posición que no deseara en ese momento. En muchos casos, si no hay libertad de movimientos y tienes que estar tumbada en una cama, los pujos pueden no ser efectivos y que al final haga falta la intervención instrumental (fórceps, palas, etc.) para ayudar a nacer al bebé. No estaba dispuesta a pasar por ello si se podía evitar teniendo libertad de movimientos.
  • No quería un parto medicalizado. Lo primero que te suelen administrar al ingresar a un hospital, si la parturienta todavía no tiene contracciones (puedes haber roto la bolsa y no empezar con contracciones hasta 48 horas más tarde o que todavía no estés con una dilatación de 3-4cm, por lo que no se considera que estés de parto, etc.) es Oxitocina. La Oxitocina es una hormona que segrega nuestro cuerpo de forma natural durante el acto sexual, cuando sentimos placer y durante el parto. Es la hormona que provoca las contracciones uterinas. Su versión inyectada, provoca unas contracciones mayores y más dolorosas. Una vez te administran Oxitociona lo más seguro es que acabes pidiendo la epidural, ya que las contracciones de la Oxitocina artificial son mucho más dificiles de aguantar que las que provoca de forma natural nuestro cuerpo. La epidural se conoce cómo un gran aliado en el parto para paliar los dolores de las contracciones, viéndolo desde ese punto de vista, ¿quién va a rechazarla?. Pero cuando te informas e investigas sobre los efectos secundarios que tiene todo cambia. Para empezar, la epidural se administra inyectándote de forma intervertebral entre contracciones, lo que a mi me resultaba ya de entrada bastante desagradable, tener que estar totalmente quieta en un momento en el que lo que más te apetece es poder moverte en libertad. Además, en muchos casos que no es administrada adecuadamente (debería administrarse sólo a partir de los 4 cm de dilatación que es cuando se está de parto), bloquea la dilatación, alargando el parto y acabando éste, en demasiadas ocasiones en una cesárea, que no habría sido necesaria en el caso de un parto no medicalizado. Tampoco me gustaba el hecho de perder la fuerza y movilidad de mis piernas, no iba a poder moverme libremente, lo que aumentaba las posibilidades de un parto instrumentalizado o intervenido.
  • Dolor. No temía al dolor. Y no es cuestión de fortaleza, valentía o similar, simplemente, no sentía miedo al pensar en el parto. El miedo nos bloquea, en todos los aspectos de nuestra vida, si los enfrentamos con miedo hay un mayor porcentaje de posibilidades de que nos bloqueemos y, en consecuencia, no nos salgan las cosas tal y cómo queríamos. Después de informarme mucho y leer mucho, entendí que el dolor es un compañero del parto, pero no es el único! Segregamos la hormona del placer, la Oxitocina, por lo que durante el parto puedes sentir placer. Durante el parto se segregan también endorfinas (opiáceo que produce una analgesia natural). Quería vivir sin bloquearlo en ningún momento el cóctel hormonal natural que nos ofrece nuestro cuerpo al estar pariendo. Hay incluso quién describe su parto como placentero, orgásmico, y puedo entenderlo. No podría describir mi experiencia cómo dolorosa, tampoco cómo placentera. Fue una mezcla de sensaciones muy intensas, en las que podía sentir dolor, pero también placer, escozor, cosquilleo, calor, excitación, todo junto en algunos momentos, por separado en otros momentos. Hubo contracciones lumbares (todas las contracciones en mi caso fueron “de riñones”) que fueron dolorosas, pero también hubo momentos muy placenteros durante el expulsivo. Desde el punto de vista psicológico, si te enfrentas al parto pensando que va a ser muy doloroso, sólo te centras en la sensación de dolor, y lo vivirás cómo doloroso. Al enfrentarte al parto sabiendo que las sensaciones van a ser variadas, y conociendo sobre los partos orgásmicos consigues localizar en muchos momentos otras muchas sensaciones, que en mi caso, no estaba dispuesta a perderme!
  • Adrenalina. La adrenalina que segrega nuestro propio cuerpo endurece el cérvix. Es un mecanismo de supervivencia durante el parto en los mamíferos. Si el parto no está muy avanzado, ante cualquier situación peligrosa, la adrenalina permite que paremos la dilatación para favorecer la huida y si el parto ya está bastante avanzado, permite que se acelere. Permite también que justo después del parto tanto la madre cómo el bebé estén muy activos y en alerta. Tenía muy claro cómo quería que se desarrollase mi parto, y sabía que en un hospital me harían preguntas, tendría que explicarles que no quería ningún tipo de intervención (a menos que realmente me hiciese falta!), libertad de movimientos, luces, un espacio ajeno, desconocidos, etc. lo que a mi, personalmente, me iba a mantener en alerta para asegurarme que hiciesen exactamente lo que yo quería, lo que podía actuar como “amenaza” y, en consecuencia, detener mi parto. Hay muchos casos en los que la dilatación transcurre rápidamente estando en casa y se interrumpe al llegar al hospital, un medio desconocido y nada íntimo que puede detectarse por nuestro organismo cómo amenaza y ayuda a detener el proceso de dilatación.
  • Episiotomía. No estaba dispuesta a que me hiciesen un episiotomía protocolaria totalmente desaconsejada por la OMS. Si tenía que tener un desgarro que fuese de forma natural, por la zona que se necesitase y del tamaño necesario. Os dejo aquí un artículo de por qué debe evitarse la episiotomía.

Sea cual sea la decisión que tomes, lo importante es estar informad@ sobre los diferentes procedimientos que se llevan a cabo y sobre las ventajas y desventajas de cada uno de ellos. Además, también es de ayuda conocer la fisiología del parto, cómo transcurre, que ocurre en el interior, cómo va el bebé pasando por el canal del parto, cómo le ayuda cada contracción uterina a ir bajando, todo ello te ayudará a conectar con tu bebé durante el parto y a poder estar más atenta a los movimientos y cambios que van transcurriendo, siendo una forma además, de no focalizar tu atención en las sensaciones dolorosas.

No hay que olvidar que siempre hay que tener en cuenta la situación personal de cada mujer, cada parto es diferente, y puedes tener la idea de un parto natural pero llegado el momento, debido a diferentes circunstancias elegir, por ejemplo, la administración de la epidural, no por ello tu parto será mejor o peor que quién tenga un parto natural.

Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones un parto intervenido es necesario en ese preciso momento, pero hay que plantearse porqué se ha llegado a esa situación, la administración temprana de analgesia epidural, tactos vaginales excesivos, provocar la rotura de la bolsa, etc. son en muchas ocasiones factores que encaminan el proceso del parto a una intervención necesaria y a la instrumentalización del parto.

 Fuentes y más información:

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Jeni Rodríguez
Mamá de Bruno (2011) y Max (2015). Porteadora por pasión y profesión. Asesora de porteo certificada. Consultora de porteo para empresas. Emprendedora y creadora de Monetes, un espacio de Maternidad y Crianza Respetuosa.

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