Parto Respetado (IV): Mi experiencia de parto en casa II

Bruno a las pocas horas de nacer

Ya finalizando la Semana Mundial del Parto y Nacimiento Respetados aprovecho para subir mi relato de parto, cerrando así varios artículos sobre el parto que he ido escribiendo. En el último hablaba sobre lo que me llevo a decidir tener un parto en casa, en este artículo os relato cómo fueron transcurriendo los acontecimientos una vez tomada la decisión y cómo se desarrolló mi parto, cómo lo viví.

Si quieres leer las anteriores entradas, puedes verlas aquí:

El parto, mi parto, la experiencia más salvaje, intensa y amorosa que he tenido jamás. 

Antes de quedarme embarazada ya conocía la opción de parir en casa y me atraía mucho la idea, quizás en ese momento me atraía sobretodo por la idea de que fuese un parto especial. No me había informado bien sobre las ventajas/inconvenientes que ello suponía.

Una vez me quedé embarazada empecé a informarme mejor sobre las opciones de parto que existían, y tuve claro desde un primer momento que, si todo se desarrollaba con normalidad, quería que Bruno naciese en casa, darle la bienvenida en nuestra intimidad, que nada nos intimidase y en consecuencia se complicase la cosa, me sentía relajada ante la idea de parir en casa y nerviosa e insegura cuando pensaba en ir a un hospital.

Tenía muy claro cómo quería dar a luz, sin intervenciones innecesarias, que nos dejaran nuestro tiempo, Bruno sabía, siendo tan pequeñito cómo tenía que nacer y mi cuerpo sabía perfectamente cómo ayudarle a nacer siempre y cuando nada ni nadie interrumpiese ese proceso.

Le comenté la idea a mi pareja y él nunca dijo un no rotundo, pero le daba miedo esa idea. Nuestra sociedad y nuestra cultura siempre ha hablado del parto cómo algo doloroso, incluso peligroso y (hablando siempre de un embarazo que se ha desarrollado con total normalidad) no es así y yo lo sabía, sabía que mi cuerpo y Bruno conservábamos ese instinto animal el cual, desde los
hospitales, intentan robarte, privarte de él, haciendo que desconfiemos de nuestro instinto y fisiología.

Tenía claro que sólo iba a querer parir en casa si mi pareja se sentía segura también con esta opción, ya que, uno de los motivos principales era estar en un ambiente relajado y disfrutar al máximo de ese momento y, claro, si él no compartía conmigo ese deseo no íbamos a conseguir la relajación necesaria. Por ese motivo, a la mitad del embarazo, llegamos a un término intermedio, acudir a una clínica en la que se respeta el parto natural, en un ambiente lo más parecido al hogar, pero con todos los avances médicos necesarios en caso de urgencia.

Lo descartamos al ir a informarnos y conocer el lugar, era excesivamente caro y más tarde me enteraría que no era tan “natural” cómo se vendía, se respetaba el derecho de parir de la madre, pero no el derecho de nacer del bebé.

Seguía teniendo claro que la forma en que quería que naciese mi hijo era respetando nuestros derechos, los de ambos, a tener un parto natural sin intervenciones innecesarias y en un ambiente conocido por ambos, lo que nos daría seguridad, calidez y una bienvenida tranquila.

Mi pareja empezó a informarse y a leer sobre el parto en casa y en pocos días lo tuvo clarísimo, quería vivir la experiencia en la más absoluta intimidad.

Contactamos con En la décima luna, les conocimos, conectamos enseguida y ya lo tuvimos claro, si todo seguía desarrollándose con normalidad Bruno iba a nacer en casa, asistido por Juanjo Casas y Graciela Pérez.

Durante todo este tiempo yo estuve leyendo libros sobre la fisiología del parto, las sensaciones del parto, etc. y no sé como ni porqué, ante una situación tan nueva para mi, estaba totalmente tranquila, deseando que llegase el momento, no le tenía miedo en absoluto, quería sentirlo, notar cómo Bruno entre un mar de sensaciones intensas iba haciendo su camino para
nacer. No quería en absoluto que nada ni nadie me privase de esas sensaciones, vitales, desde mi punto de vista, para que durante el parto y posparto todo transcurra de forma normalizada. Dejar fluir a las hormonas tal y cómo el cuerpo ha diseñado que fluyan, dejar que en esos primeros momentos me enamorase de mi hijo, que un hecho tan vital para él, cómo es nacer, fuese lo menos traumático posible. Esa forma de pensar sobre el parto, estoy convencida que me ayudó muchísimo el día en que Bruno decidió nacer y también durante el posparto, la lactancia, etc. Será una decisión que habrá dejado huella en él y será un pilar sobre el que se conformará su personalidad.
En la semana 37, me visitaron las matronas, comprobaron que todo marchaba bien, se familiarizaron con la casa y nos dieron la oportunidad de seguir conociéndolas, lo que iba a ayudarme en el día del parto, para dejarme llevar, dejarme en sus manos, tenía confianza plena en que cuidarían de mi y de Bruno durante todo el proceso, por lo que yo podía abandonarme a las sensaciones y emociones que las hormonas me dictaban durante el parto. Esa semana entraron en guardia. Bruno ya podía nacer en cualquier momento y podría ser atendido en casa sin problemas.

Llega el día del parto…

En la semana 39 y 4 días, el 10 de Agosto de 2011, a las 6:30 de la mañana me desperté con la sensación de estar haciéndome
pis y no poder pararlo…estaba claro…acababa de romper la bolsa!

Al contrario de lo esperado no me puse nerviosa, lo viví con absoluta normalidad e incluso puede que tuviese la sensación de
que todavía no era el momento, después de tanto tiempo esperando el momento no me podía creer que había llegado!

En ese momento pensé que todavía no tenía contracciones, ahora, creo que quizás ya empezaba a tenerlas, era una sensación en los lumbares suave pero lo confundí con los dolores de espalda que tenía en los últimos días de embarazo al despertar por la mañana.

El caso es que mi chico y yo, cómo no tenía contracciones (o eso pensaba) y el parto podía ser ese mismo día o al cabo de 3 días, tomamos una decisión que a día de hoy nos sigue sorprendiendo, decidimos que él fuese a trabajar. Llamé a Graciela a las 7:30h para avisarla de lo que estaba ocurriendo y también estuvo de acuerdo en la decisión que habíamos tomado. A día de hoy pensamos que era la necesidad mía de estar a solas esas primeras horas.

No pude volver a dormirme, estaba hambrienta! Así que a las 7:30h me levanté y me fui directa a desayunar. Graciela me había dicho que se pasaría sobre las 10h para ver cómo iba todo, pero que por las sensaciones que le estaba diciendo que tenía todavía
estaba en preparto, es decir, menos de 4cm de dilatación.
Después de desayunar estaba bastante activa y me puse a recoger la cocina, cuando ya estaba recogiendo  ya si que tenía contracciones y ya las identificaba como tal. Estaba recogiendo y cuando me venía una contracción cogía aire, me apoyaba en la encimera y empezaba a moverme dibujando ochos con la cadera. Empecé a calcular cada cuanto las tenía ya que me las notaba muy seguidas, y ya eran cada 3-4 minutos. Serían las 8 y pico de la mañana.
Se sobrellevaban muy bien, eran suaves, y seguían siendo pequeños latigazos en la zona de los riñones. Llamé a Graciela para decírselo y me dijo que si seguía siendo en los riñones no me preocupase que era preparto y que todavía no hacía falta que fuese mirando los minutos. Iba informando de todo a mi pareja. Yo seguía muy tranquila y las contracciones me estaban resultando muy llevaderas, no era ni de lejos tan intenso cómo mis reglas, así que estaba incluso disfrutando esos momentos.
A las 10h vino Graciela, ya estaba teniendo contracciones más intensas y seguían siendo regulares cada 3-4 minutos. Aún así, me dijo que todavía era preparto por como me veía, que me podía hacer un tacto si quería pero que si lo hacía y pasaban 12 horas sin parir tendría que ir a un hospital ya que subía el riesgo de infección al haber roto ya la bolsa. Decidimos entonces no hacer ningún tacto. Con ella trajo un regalito, en ese momento ya había tenido una contracción
de las que te paralizan, me estaban dando de riñones, ya podía decir que estaba siendo un parto de “riñones”, también había vomitado una vez (cosa que alegró mucho a Graciela), el regalito que se trajo era el TENS que consiste en un pequeño aparato que da pequeñas descargas eléctricas cuando viene la contracción, por lo que la sensación de pinchazo, latigazo de la contracción se ve un poco suavizada.

Graciela decidió ir a dar una vuelta, me dijo que volvería en una hora, así no iba a interrumpir la dilatación y me recomendó subir y bajar las escaleras de casa, lo que iba a ayudar en la dilatación. Cómo tenía todavía cosas para recoger
por casa, subí y bajé varias veces. Parece que funcionó, a la media hora tuve que avisar a Graciela y a mi pareja de que fuesen viniendo porqué las contracciones paralizantes eran muy seguidas y empezaba a irme al “planeta parto” con ellas…y estaba sola en casa! Este fue el momento en que me preocupé un poco más, las contracciones iban siendo bastante intensas y pensaba que todavía podían ser las de preparto…por lo que no sabía si iba a aguantar que subiese mucho más la intensidad con las contracciones de parto.

Cuándo vino Graciela, volví a vomitar un par de veces más y ya decidimos que me hiciese un tacto, necesitaba saber cómo iba para coger fuerzas. Eran las 11h de la mañana. Me hizo el tacto y con los ojos abiertos como platos me dijo las palabras mágicas ¡pero si ya estás de 8 cm! Lo mejor que me podía decir en ese momento. Ya se me fue el miedo a no aguantar la dilatación total, si ya casi lo tenía y si esas eran las más intensas las podía aguantar!

En este momento avisamos también a Juanjo. Volví a llamar a mi pareja en mi último momento de lucidez y ya me dejé llevar al planeta parto.

Los “ohms” y “ahhsss” que acompañaban al baile de caderas en cada contracción ya empezaban a ser cada vez más intensos.
Estábamos en el salón, subí arriba a darle a Graciela las toallas, aislante de cama, etc, para que fuese preparando todo. Graciela me propuso que me acomodase a cuatro patas apoyándome en el sofá, a los 20 minutos mi cuerpo estaba ya empujando.

Pensábamos que no llegarían a tiempo mi pareja y Juanjo, la otra matrona.  Yo ya estaba en el planeta parto, ida, sabiendo lo que ocurría en mi alrededor pero desconectada totalmente de lo que estaba ocurriendo, conectando con Bruno, guiándole en su
camino.

Oí que  llegaba mi chico, yo estaba apoyada de rodillas en el sofá con contracciones muy intensas cada pocos minutos y descansando entre contracción y contracción. Escuché que le preguntaba a Graciela como estaba la cosa, y ella contestó: ya está dilatada del todo, está empujando!.

A partir de ahí pude meterme todavía más en mi misma, ya estaba mi chico ahí y, aunque Juanjo no había llegado, confiaba plenamente en Graciela y no me preocupaba demasiado si no llegaba a tiempo, todo iba bien y todo iba a ir bien y lo sabía.

Fué todo tan rápido que no dio tiempo a subir la silla de partos ni la piscina de partos, no me importaba en ese momento ni pensaba en ello.

Las contracciones eran muy fuertes, me oía gritar, el grito era muy animal, salía
de dentro, me apoyaba estando de rodillas en la pelota de pilates, no estaba cómoda, agarraba el brazo de mi chico en cada contracción, me aliviaba tener su brazo cerca para apretar. Hubo un momento en que él se fue (ahora sé que fue a montar la cámara para grabarlo) y le grité, ven aquí! no quería que me dejase sola, necesitaba tenerle cerca para poder agarrar su
brazo.

No sé si fue Graciela que me lo propuso o fui yo que lo decidí pero cambié de postura, estaba en cuclillas y Simón, mi chico, me ayudaba a sujetarme, de esta forma el parto empezó a avanzar bastante rápido, pero me estaba cansando, el esfuerzo de mantenerme en cuclillas en cada contracción y apretar me estaba haciendo polvo las piernas. Al cabo de un rato decidí volver a ponerme de rodillas pero Bruno había decidido que quería nacer en cuclillas, se había plantado y Graciela me dijo que en esa postura no estaba avanzando y volví a la posición que me estaba pidiendo Bruno.

Después de cada contracción Graciela escuchaba el corazón de Bruno para asegurarse que todo estaba bien y que no estaba sufriendo, lo que daba más fuerzas para seguir adelante.
Tenía mucha sed, todo el rato pedía agua, no sé que habría sido de estar en un hospital si no me hubiesen dejado beber! en ese momento era lo que más deseaba, lo que me calmaba y me daba fuerzas para la próxima contracción.
En uno de esos momentos, a las 13:30h, oí que llegaba Juanjo, el equipo estaba al completo ya y Bruno decidió desde ese momento que ya podía nacer y tanto él como yo íbamos a estar bien atendidos si surgía algún imprevisto final. Oí cómo Graciela cogía las llaves del coche para ir a buscar la silla de partos, era la postura que necesitaba, necesitaba un apoyo para no cansarme
tanto. Me vino una contracción, empujé, Bruno asomó un poco la cabeza y Graciela soltó las llaves y decidió no irse.

Juanjo se ofreció para ser mi silla de partos, la mejor silla de partos que podía tener! Con su respiración me regulaba mi respiración entre contracciones, me apretaba los muslos para ayudarme a relajar. A su vez, yo apretaba el brazo de Simón y el de Graciela en cada pujo, en ese momento ya no sentía las contracciones, sólo que tenía ganas de empujar, descansaba un poco y otra vez a empujar. Ese momento un montón de sensaciones diferentes estaban ocurriendo, una sensación muy intensa recorría todo mi cuerpo, sentía dolor, pero también placer, escozor, quemazón, calor, cosquilleo, todo a la vez, mezclado, una sensación
nueva que soy incapaz de describir con una sola palabra.

Me dijo Graciela, en uno de los descansos, que la cabezita ya estaba asomando, que le podía tocar, le toqué y estaba gelatinoso! y creo que lo comenté en alto. Estaba tan metida en mi mundo que en ese momento no sé si era del todo consciente de lo que estaba tocando. Me pusieron un espejo y oía cómo me animaban a ver cómo iba saliendo la cabeza, quería verlo, pero no era
capaz de abrir los ojos, el pedo de las endorfinas no me dejaba conectar con lo que estaba ocurriendo abriendo los ojos. Oí que Graciela le comentaba a Simón: Yo creo que no quiere verlo. Y si, quería verlo, pero en otro momento, en ese momento estaba tan metida en mi misma que no podía. Todo el rato me sentía apoyada, me acariciaba mi pareja, estaba a mi lado.

Llegó el famoso anillo de fuego, todas las sensaciones descritas anteriormente se multiplicaron por mil. Graciela me animaba a empujar y alargar los pujos, yo sabía que si lo hacía Bruno nacería más rápido, así que así lo hice, no sé si recuerdo bien, pero creo que fueron 3 pujos desde el “anillo de fuego” y ya salió, placer máximo al notar que salía su cabeza y en el segundo que
estuvo de “descanso” en el cuello, volvió el escozor y el quemazón, Bruno no estaba dispuesto a hacer un descanso muy largo en el cuello, decidió que tenía que salir entero de una pieza, que ya tendría tiempo de descansar una vez fuera. Noté cómo se deslizaba entero entre mis piernas, placer máximo otra vez, la sensación final, al salir entero, fue placentera, muy sexual, orgásmica, en ese preciso momento no sentía nada parecido al dolor. Estaba totalmente ida, eufórica.

Graciela le dió la bienvenida cogiéndole con sus manos y, de forma inmediata, me lo dio a mi, le abracé, le miré a la cara, no me lo podía creer, eran las 14h y ya había nacido Bruno. Tardó un poquito en respirar por si sólo y, aunque, se me pasó un segundo por la cabeza a ver si estaba bien, sabía que lo estaba, el cordón seguía unido a la placenta, lo que le proveía de todo el oxígeno
necesario, no había prisa en que respirase por sí solo. Lo hizo, abrió los ojos, y se quedó tranquilo, calmado. A los segundos decidió que era el momento de probar que tal sonaba su voz en un ambiente aéreo y nos deleitó con su primer llanto. Intenso pero muy corto.

 

Me ayudaron a acomodarme en el sofá, el cual ya estaba preparado con sábanas y toallas para protegerlo, Bruno seguía unido a mi a través del cordón, estaría así hasta que expulsase la placenta y le hubiese llegado toda la sangre. Le pusieron encima de mi pecho, desnudo, para que cuando estuviese preparado empezase a buscar el pezón y comenzase a alimentarse. Al cabo de
unos 20 minutos y después de varios cabezazos buscando el pezón se enganchó, estuvo mamando un ratito y, debido a la secreción de oxitocina que ello provoca empezaron los entuertos, pequeñas contracciones que ayudarían a la expulsión de la placenta y a que el útero empezase a volver a su tamaño original. La placenta tardó casi media hora en salir, resbaló suavemente, sin dolor, sólo unas ligeras molestias parecidas a un pequeño dolor de regla.

En ese momento Graciela le preguntó a Simón si quería cortar el cordón a lo que él accedió encantado, pusieron la pinza e hizo el corte. A partir de ese momento Bruno se hizo “independiente”, ya no estábamos unidos físicamente y en cambio podía sentirle más cerca que nunca: notar el calor de su piel, su olor, etc…

Acto seguido Graciela y Juanjo inspeccionaron la placenta, estaba entera y todo estaba bien y me ofrecieron hacer un batido de fruta con un trocito, lo que me ayudaría a recuperar energía, accedí sin pensármelo, ya lo había pensado días antes y quería hacerlo. El batido estaba muy rico, sabía sólo a melón, aunque era un poco rojo. Me sentó genial, no sé si porque llevaba placenta o simplemente porque al ser un batido de fruta dulce me iba a sentar igual de bien.

Luego vinieron los puntos, me había desgarrado un poco, y tuvieron que coserme, tumbada en el sofá, con Bruno encima, me dieron unos 6 puntos. Juanjo y Graciela se quedaron un rato con nosotros, unas horas, no sé cuantas, no era consciente
del tiempo. Esperaron el tiempo justo para comprobar que todo marchaba bien, que Bruno se alimentaba correctamente, que yo hacía pis, que él hacia su primera caca, etc.

Pasadas unas horas necesité ir a hacer pis, mientras aprovecharon para pesar a Bruno. Durante la siguiente semana Graciela nos visitó tres veces para asegurarse que todo transcurría con normalidad e ir haciendo los diferentes controles a Bruno, prueba del talón, control de peso, etc.

Una experiencia inolvidable.  Muy diferente a lo imaginado, con decisiones tomadas ese día que no nos esperábamos y que no nos acabamos de explicar…pero sea cómo sea ahora pienso que transcurrió cómo tenía que transcurrir.

 

Jeni Rodríguez
Mamá de Bruno (2011) y Max (2015). Porteadora por pasión y profesión. Asesora de porteo certificada. Consultora de porteo para empresas. Emprendedora y creadora de Monetes, un espacio de Maternidad y Crianza Respetuosa.

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